Ácido láctico y fatiga en el ejercicio

Ácido láctico y fatiga en el ejercicio

Cuando realizamos actividad física se inician muchos procesos fisiológicos que se encargan desde regular el gasto de energía mediante la puesta en marcha de diferentes rutas metabólicas hasta generar las respuestas adecuadas en nuestro organismo al estímulo del ejercicio concreto. El ejercicio físico desencadena procesos que se manifiestan como una percepción personal del conjunto del organismo, en forma  de dolor, fatiga, e incluso bienestar.

Varias veces hemos escuchado que al ácido láctico es el principal culpable de la fatiga muscular, y sobre esto, estudios científicos han demostrado que no causa dolor muscular, ni es un metabolito de desecho, sino todo lo contrario, es una fuente de energía que nos ayuda a mantener y/o aumentar la intensidad de nuestro ejercicio. Intentaremos explicarlo de una manera sencilla.

El cuerpo utiliza varias vías metabólicas para proporcionar combustible a los músculos. Cada una de estas vías convierte un tipo particular de combustible en ATP, que es la molécula de energía que permite la contracción muscular. Cuando salimos a entrenar, nuestros músculos se contraen continuamente y demandan energía, que la obtenemos a partir de los alimentos (Hidratos de Carbono, Grasas y Proteínas). A partir de procesos de degradación, estos sustratos energéticos se convierten en ATP (molécula de energía). Otro sustrato que utilizamos es la fosfocreatina, que es la que nos permite hacer un sprint rápido o un esfuerzo intenso durante algunos segundos.

Para obtener energía, debemos transformar el glucógeno (Reserva energética que abunda en el hígado y en menor medida en el músculo) en glucosa (unidades más pequeñas), mediante un proceso llamado glucogenólisis. Una vez que tenemos la glucosa, la rompemos un poco más y la transformamos en piruvato gracias a la glucólisis. Luego, pasa directamente al interior de la célula, concretamente a la mitocondria que es donde se produce la magia para crear energía (ATP) mediante la fosforilación oxidativa y el ciclo de Krebs. Esta producción de energía depende del oxígeno, pero cuando el aporte es insuficiente (que no quiere decir que el músculo se quede sin oxígeno), el piruvato sigue una ruta diferente y produce ácido láctico, que a pH fisiológico, rápidamente se disocia a lactato. Esto quiere decir, que cuando aumentamos la intensidad del ejercicio y el músculo requiere obtener más energía, como el aporte de oxígeno es insuficiente para obtenerla, el organismo pone en marcha una ruta más rápida para generar lactato como combustible.

Ahora que sabemos que el lactato es un combustible que utilizamos en ejercicios de moderada y alta intensidad, cuando mayor es la intensidad del ejercicio, mayor es la concentración del lactato en sangre al llegar a un punto que no lo podemos reciclar (generalmente 4 mmol/l) y empezamos a acumularlo. La concentración del lactato en sangre en reposo se encuentra entre 1 y 2 mmol/l, por lo tanto, utilizarlo como un indicador de la intensidad del ejercicio y relacionarlo con los umbrales de intensidades que pueden marcar inicio de fatiga es algo aceptable, pero no es un desencadenante de la fatiga.

Figura 1: Concentración del lactato producido en relación al aumento del porcentaje de VO2 máx.

Pero, si el ácido láctico no produce la fatiga, ¿Qué es lo que la produce?

Existen limitantes del ejercicio a distintas intensidades que llevan a una disminución de la capacidad del esfuerzo o rendimiento. Las contracciones musculares durante el ejercicio dependen de procesos que se originan en el sistema nervioso central y finalizan en los músculos esqueléticos. La fatiga puede ser el resultado de la alteración de cualquiera de estos procesos. Citamos algunos.

En relación con la posibilidad de aparición de la fatiga en el ejercicio, depende fundamentalmente de la disponibilidad de sustratos energéticos. La concentración muscular de glucógeno al principio del ejercicio contribuye a determinar el tiempo de resistencia del esfuerzo, de manera que cuando se agota el glucógeno muscular, disminuye el suministro de ATP al aparato contráctil, y si esto ocurre, disminuye la tensión generada, es decir, se produce fatiga.

La deshidratación y la hipertemia pueden ser causa de fatiga en ejercicios prolongados. La deshidratación provoca descenso del suministro de oxígeno a los músculos activos, debido a una disminución del gasto cardíaco, la presión arterial, el volumen sistólico y el flujo sanguíneo muscular. En ejercicios prolongados de moderada intensidad y elevada temperatura ambiente, un corredor de maratón puede perder hasta un 8% del peso corporal, correspondiente a un 13%  del total de agua corporal. En esas condiciones, el flujo de sangre a la piel se ve reducido, con la mayor parte del gasto cardíaco destinada a los músculos activos, con lo que la pérdida de calor se verá disminuida y la hipertemia será frecuente.

También la fatiga se ha relacionado con interferencias del acoplamiento entre exitación y contracción. Cuando corremos se alternan fases de desarrollo de tensión con fases de relajación durante un tiempo prolongado. Cuando sucede esto, la prolongación de las fases de relajación, no solo aumenta el costo energético del movimiento, sino que puede ocasionar la aparición de lesiones.

Se ha observado mediante electromiografía de aguja, que la frecuencia de descarga de la motoneurona alfa, disminuye a medida que las fibras musculares de la unidad motora se fatigan. Este descenso de la frecuencia de descarga es necesario para mantener una frecuencia óptima de estimulación, ya que, a medida que las fibras musculares se fatigan, la relajación se torna más lenta.

La fatiga también puede tener su origen en alteraciones en la respuesta de la placa motora al estímulo nervioso. Así, la cantidad de acetilcolina liberada por estímulo podría disminuir si desciende el número de vesículas sinápticas liberadas con cada potencial de acción..

Una causa muy relevante de la fatiga, especialmente durante la carrera como exponente de actividad con un importante componente muscular excéntrico, es el daño muscular inducido por ejercicios de cierta intensidad prolongados en el tiempo. Este tipo de contracción muscular genera tensiones muy elevadas en el músculo, pudiendo ocasionar roturas de estructuras musculares. Estas alteraciones estructurales, liberan sustancias al espacio extracelular que atraen a las células inflamatorias, las cuales actúan amplificando la lesión. Las sustancias liberadas por las fibras lesionadas pueden, a su vez, sensibilizar los nociceptores musculares contribuyendo al dolor. Estos hechos provocan una disminución en la capacidad de generar tensión muscular, e incluso un descenso de la economía de carrera, lo que provoca un mayor gasto energético.

Prof. Matías Fernández

 

Bibliografía:

-López Chicharro J, Fernández Vaquero A. Fisiología del ejercicio. 2006

-López Chicharro J, Fisiología del entrenamiento aeróbico: Una visión integrada. 2013.

-Pérez O. La preparación en el corredor de montaña. 2014

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